La zona se encuentra en el área de contacto entre la Depresión del Jiloca y la Depresión de Teruel, quedando sometida a las influencias climáticas de lo que acontece en ambas.
Allí los vientos están presentes en torno al 75% de los días, según los datos del observatorio de Teruel, y hasta el 80% atendiendo a lo registrado en Calamocha.
Estos frecuentes vientos no suelen soplar con grandes velocidades, aunque si se pueden registrar rachas de fuerza considerable. Eso influye en la capacidad para movilizar partículas finas tanto de origen orgánico como mineral.
Estos flujos de viento muestran direcciones claramente dominantes. En Teruel, observatorio representativo de lo que sucede en la depresión surcada por los ríos Alfambra y Turia, predominan los vientos procedentes de componentes norte (N, NO y NNO) y sur (S y SE). En Calamocha, observatorio significativo de lo que sucede en la Depresión del Jiloca, la direcciones dominantes son la NO y la SE, siendo también numerosos los días en que la veleta apunta procedencias N y S del viento.
Los datos de Teruel, permiten apreciar una variación significativa en la procedencia de los vientos durante las diferentes estaciones. Así, entre octubre y abril (otoño, invierno e inicios de primavera) predominan claramente los vientos de componente norte, en tanto que desde junio a septiembre (verano) la situación se invierte pasando a dominar la frecuencia de los vientos que soplan desde componente sur.
Estas características eólicas se combinan con otros elementos del clima, incrementándose los efectos producidos por el viento. Por ejemplo, con la escasez de precipitaciones de la zona (en torno a 400 mm. anuales), con los pocos días de lluvia anuales (entre 50 y 60) y con una gran evapotranspiración, potencialmente muy superior a la cantidad de precipitación registrada, que implica una gran desecación del ambiente junto al incremento de la capacidad de movilización de partículas minerales meteorizadas por parte de los agentes atmosféricos externos (agua, viento …).
CONSECUENCIAS
Sobre todo dada su frecuencia en la zona, el viento posee una considerable capacidad de arrastre de partículas en suspensión, incrementada en las rachas de mayor intensidad. Una explotación mineral que fracciona las rocas y genera grandes cantidades de polvo tanto en la fase de extracción como de transporte favorece la producción de partículas susceptibles de ser movilizadas por el viento. Ello implica la mayor presencia de partículas minerales en suspensión en el aire y por tanto un incremento de los niveles de contaminación, especialmente, como ya se ha indicado, en aquellos días, horas o momentos en los que la velocidad del flujo de viento es mayor.
Considerando tres componentes
a) la ubicación propuesta tanto para la cantera de extracción de rocas como para la instalación de la cementera,
b) la disposición topográfica de la zona marcada por la presencia de las depresiones del Jiloca y de Teruel
c) las direcciones dominantes de los flujos de viento, en gran medida adaptadas a esa disposición topográfica,
así como la interrelación entre ellos, no es difícil concluir la posibilidad de que, esencialmente en la prolongada época del año en la que dominan los vientos de componente norte, una elevada carga de partículas minerales sea movilizada desde la zona de extracción y de producción hasta las localidades próximas de Concud y de Teruel, ubicadas respectivamente al Sur y Sureste de ellas.
Si bien unas lluvias abundantes y frecuentes quizás podrían mitigar parcialmente la situación descrita, la escasez de precipitaciones de la zona y el bajo número de días en que éstas se registran facilita la movilización de las partículas disponibles, incrementadas sustancialmente por este tipo de actividad de extracción, acrecentando el problema de contaminación que podría generarse a partir de dichas actividades extractivas atendiendo exclusivamente a las propias características y dinámica del viento.
Al analizar el impacto ambiental que puede generar la extracción mineral y la planta productora de cemento, deberá tenerse también en consideración la cercanía de varios cursos fluviales, especialmente el barranco del Monte, colectores a la Rambla de Concud, afluente del río Alfambra ya muy cerca de su confluencia con el Guadalaviar. Se requiere un enorme cuidado para que no lleguen escombros de la explotación extractiva a esos cursos fluviales, ya que su llegada implicaría cambios en su dinámica e incluso posibles problemas de drenaje en ellos. No hay que olvidar que la presencia de escombreras en cauces fluviales con disponibilidad sólo esporádica de caudal está considerada como una de las causas de inundaciones. Dichas escombreras pueden actuar como presas de retención de agua y sedimentos, ante cuya presión podrían llegar a resquebrajarse, provocando un flujo muy brusco de agua y carga sólida que puede desbordar el cauce y provocar inundaciones aguas abajo.