Concud es conocido en el mundo científico desde la antigüedad por sus yacimientos de fósiles, que ya son citados por Feijoo en su Teatro Crítico (1726) y por Torrubia en su Historia Natural (1754), gracias a los yacimientos del barranco de las Calaveras o de las Maravillas y del Cerro de la Garita, de edad neógena. La riqueza paleontológica del lugar es uno de sus mayores atractivos, destacando el yacimiento de mamíferos terciarios (rinocerontes, hienas antílopes…) reconocido como uno de los primeros de Europa. La visita de científicos y estudiosos se verá ampliada en breve por la integración de estos yacimientos en el Conjunto Paleontológico de Teruel, que incluye el proyecto de un circuito al aire libre que ilustre a los visitantes sobre cómo se estudia la paleontología. El pueblo está ubicado en un estrecho saliente entre confluencias de ramblas, que forman finalmente la rambla de Concud, afluente del río Alfambra. Buena parte de estos pequeños cursos de agua, secos la mayor parte del año, provienen de las cercanas sierras de Celadas, en parte formadas por materiales mesozoicos, como prolongación más oriental de la Sierra Palomera, y en parte por calizas y arcillas terciarias de la fosa de Teruel. Estas ramblas generaron desde principios del Cuaternario grandes abanicos aluviales de sedimentos detríticos procedentes de la erosión de estas sierras, que rellenaron parcialmente este sector de la depresión de Teruel, encajándose posteriormente en ellos.
En el punto más elevado de la población se alza la iglesia de San Martín. Por las
diferentes inscripciones que en ella figuran se puede deducir que su construcción
comenzó en torno a 1737 y que se concluyó en 1743. Se distribuye en tres naves
cubiertas con bóveda de cañón con lunetos. La torre en la cabecera se remata con un elegante cuerpo ochavado, realizado en ladrillo.
El antiguo ayuntamiento conserva una lonja de dos arcos rebajados que apoyan en una pilastra central.
Sobre el pueblo se levanta la ermita de Santa Bárbara. De nave única cubierta a cuatro aguas, está precedida de un robusto pórtico.
San Martín, Santa Bárbara y San Francisco se celebran en unas fiestas patronales alrededor de los días 18 al 22 de agosto. El toro en todas sus variantes protagoniza la parte más lúdica de las diversiones populares: vaquillas (una de las cuales se mata para propiciar una confraternización entre la gente alrededor del guiso de la vaca), toros embolados y ensogados responden a una tradición arraigada en la zona de Teruel, en la que las calles del pueblo son el escenario del juego del hombre con el animal.
A la ermita de Santa Bárbara se acude varias veces al año: el día de San Juan Bautista (24 de junio), el domingo de Pascua de Resurrección y un domingo de mayo para la bendición de los términos, además de en las fiestas de verano. En todas las ocasiones se cantan los gozos a la santa.
Para San Antón (17 de enero) se siguen haciendo hogueras.
ELEMENTOS PATRIMONIALES DE CONCUD
Un agradecimiento a:
BIBLIOGRAFÍA
BENITO MARTÍN, F. (1991), T. I, p. 142.
SEBASTIÁN LÓPEZ, S.
FUENTE
Web Instituto De Estudios Turolenses